El Evangelio de Mateo de hoy habla de cómo afrontar el conflicto, la corrección fraterna, la responsabilidad comunitaria y la presencia de Cristo en medio de quienes se reúnen en su nombre. “En un mundo que sabe confrontar, pero no sabe reconciliar, Jesús nos enseña a corregir sin destruir y dialogar sin romper”.
1- Jesús dice: “Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado”. Es profundamente actual en una época de redes sociales. Muchas veces primero exponemos, juzgamos y condenamos públicamente; después buscamos comprender. Las redes han creado una cultura del señalamiento: se viraliza el error; se condena antes de conocer toda la historia; se etiqueta a la persona por una conducta; y se cancela al que se equivoca. Jesús propone otro camino: Antes de publicar, hablar; antes de condenar, escuchar; antes de señalar, acercarse; antes de destruir una reputación, buscar recuperar a la persona.
2- Hay una diferencia enorme entre corregir al hermano y condenar al hermano. La primera nace del amor; la otra, del orgullo. Podríamos decir: “La verdad sin caridad se convierte en juicio; la caridad sin verdad se convierte en complicidad”. La comunidad cristiana no puede mirar indiferente el mal, pero tampoco convertirse en tribunal permanente.
3- Una Iglesia debe saber hablar de los conflictos con una verdadera pedagogía. Jesús no dice “Eviten todos los conflictos”, sino aprendan a atravesarlos de una manera evangélica. Una sociedad madura es la que sabe resolverlos sin destruir al otro.
4- El gran problema contemporáneo es que hemos perdido la conversación. Vivimos hiperconectados, pero muchas veces desconectados de la conversación verdadera. Mandamos mensajes, emojis, audios, comentarios y publicaciones; pero nos cuesta sentarnos frente al otro y decirle “Tenemos que hablar”.
El Evangelio recupera el valor de la presencia personal.